Hay cosas que nunca cambian

Hace treinta años me tiraba por el terraplén de El Refugio en un pueblo serrano a la vera de La Maliciosa, mientras esperaba a que Luli, una niña estirada de miradas intensas y sonrisas cómplices, saliese por la puerta de atrás del caserón de La Pinosa. Hace casi los mismos años, Mónica, una niña rubia de tirabuzones como cincelados venía a nuestra casa serrana, El Rústico, a ver como los chicos nos subíamos a los árboles, ella no podía porque llevaba vestidos de nido de abeja. Hace veintinueve años mi madre me regañaba porque llegó a nuestras vidas mi hermana Laura y yo decía que era fea y con mucho pelo. Mi otra hermana, Paula, le pedía a mi madre si podíamos cambiarla. Y hace menos años recuerdo a una Mercedes lidiar salvajemente ante un Umbral empeñado en hablar en la tele de su libro a toda costa.
Hoy, años después, esas niñas o casi niñas son mujeres que se sientan a mi mesa en un sábado de sol, anchoas, empanada, longaniza, pan con tomate, risotto de hongos y vino blanco helado. Desde una verja lateral, Hugo, mi perro compartido con Virginia, mi ex mujer del alma, vigila las risas escandalosas.
Hemos cambiado algo. Unos tenemos menos pelo, otras más culo. Unos han dejado de fumar, otras se fuman hasta las plantas. Unos hemos vuelto a la soltería, otras campan por la vida con sillitas y pañales a cuestas. Mi hermana Laura nunca fue fea y hoy es la mujer más guapa del mundo porque es un calco de mi madre.
Hay un millón de cosas que han cambiado. Nos han ido modificando el cuerpo y la mente, nos han hecho adultos, nos han pintado una piel más gorda para que la vida duela menos. Antes no había dolor, era todo inocencia. Ahora hay ausencias y obligadas nostalgias pero con muchas sonrisas.
Y hay otras cosas que siguen estando allí, la familia, la amistad, el amor. Hablar de sexo y ligoteos, como quinceañeras de una pandilla surrealista, sigue siendo parte de nuestras charlas cada fin de semana. No se han ido las carcajadas, ni los recuerdos. No se ido la ingenuidad aunque a veces se vista de dulces malicias. No se han ido los quereres, aunque hayan cambiado de estado civil. No se han ido los lazos de vida.
Este sábado lo hemos vuelto a constatar y aquella menos niña que lidiaba con Umbral ha sido testigo de esas cosas que nos forjan el alma. Y es que hay cosas que, pase lo que pase, incluso los años, nunca cambian.
PD. Seguro que todo ha ido bien Aguaderocío y ahora tendré que compartir tus piropos con esos gemelos que esperabas. Espero que muy pronto nos hables de ellos. Qué gozada es Perséfone que te pongan la piel de gallina, gracias por sentirlo. A mí me emocionó tu emoción con aquella foto, la observé, pensé y aquí sigo estando, cada día más orgulloso de despertaros sentimientos. Kenia gracias por rendirte de pies a cabeza. Un viaje sorpresa a París con ambas no sería mala idea. Sirocos gracias por esos labios huérfanos de ti que gritan nombres. Me encanta despertar ternura y morbo en ti Quique, es buena combinación, te agradezco cada unos de los rastros que dejas, pero no te pongas nervioso hombre. Soy carne de mercadillo Susana, me encantan, un día haré un post sobre mis mercadillos preferidos por todo el mundo. ¿A quién no le gusta el mercadillo de los anticuarios de Nueva York, o las Pulgas de París? Recibido el bexazo YIL, estoy contigo en los susurros nocturnos de verano. Ahora ya sé uno de tus puntos débiles dayer. Ayn Riad espero seguir siendo un provocador de alegrías. Ya veo mumu que no sé pronunciar el ruso, pero siempre me gustaron las Matriuskas. Decir te quiero en una despedida es un susurro eterno Astrágalo, tu amiga Carmen se lo llevará consigo. Ay tus susurros de churro rafa, no dejas de sorprenderme. Karen me alegra saber que te casas. Gracias por recordar tus susurros FranJa.
VELVETINA me dejas sin palabras tantas veces, un millón de gracias por esas maravillosas letras que no sé si merezco.
Gracias a ti Martín Higueras, por la amistad.
Los sueños nena están hechos de pequeñas cosas. Me gusta que vuelvas de cuando en cuando con tus susurros.
Pues no mates las ganas Pablo L, si han de volver los susurros volverán para llenarlo todo.
Yasminatrapecista te subiste al tren de Yo para dejar malicias pero me temo que tendré que perdonarte. Yo ¿por qué me molas tanto a pesar de tus venenos y tu lengua descontrolada? Será porque hay cosas que nunca cambian.








